En la cafetería
Perseo - 25-07-2006 13:07:44 | Categoria: Relatos y fantasías
Apenas 15 kilómetros después de que se encendiera la reserva, paré a echar gasolina. Hacía mucho calor. Demasiado, diría yo. El olor del ambiente a gasolina se mezclaba con el del humo de los coches que pasaban a toda velocidad por la autopista. Levanté la vista y vi que había una pequeña cafetería, así que tras el repostaje, me dirigí a tomar una cocacola bien fría. Allí, me acordé de A. y de aquello que una vez le dije que cuando pasara por aquí, quedaríamos para tomar algo y conocernos personalmente, así que decidí llamarla, pero nadie respondió. “Lástima” - pensé - “otra vez será”. Apenas había dejado el teléfono sobre la mesa cuando comenzó a sonar. Era ella. Tras explicarme que no le había dado tiempo a responder, me preguntó quien era, ya que no conocía el número. Tras jugar un poco a eso de adivina, adivinanza, se alegró de saber que era yo. Apenas llevábamos hablando unos minutos, cuando ya me estaba explicando cómo llegar a la cafetería que hay cerca de su trabajo para vernos. No tardé mucho en llegar. Aparqué relativamente cerca y me dirigí hacia allí. Era una cafetería muy limpia y luminosa, con un ventanal muy grande. Me senté en una mesa que hacía esquina para poder ver bien la puerta, la barra y el resto de las mesas. Observaba a todo el mundo, esperando a que A. apareciera por algún sitio. Podía ser cualquiera. Por un instante me quedé mirando a una chica que venía por la calle y que se acercaba con paso decidido hacia el interior de la cafetería pensando que podía ser ella. Vestía una falda tipo Ibicenca de color blanco y una camiseta también blanca de tirantes. Las gafas de Sol ocultaban gran parte de su rostro. Al final entró, pero se acercó a saludar a una pareja que había en la barra y se quedó hablando con ellos. Yo seguí esperando. No habíamos quedado a una hora en concreto, simplemente dijimos “ahora nos vemos”, así que aquello hacía que estuviera más nervioso todavía. De repente, la chica de la falda ibicenca se giró. Ya no llevaba las gafas puestas. Estaba escrutando la cafetería como buscando algo.... o a alguien. De repente fijó su mirada en mí, y entendí que sí era ella. Me quedé inmóvil, no quería levantarme porque sabía que ella estaba casada y yo no sabía quien era la gente con quien estaba. Tras “reconocerme”, se despidió de ellos, se acercó y me dijo con voz suave: “¿Perseo?”.
Tras hablar durante un rato de temas de “des-interés” general, comenzamos a hablar de los blogs, de la gente que se conoce, de la impresión que habíamos tenido al vernos, etc.. Habíamos mantenido alguna conversación por messenger sobre lo mucho que nos gusta disfrutar del sexo, pero nunca había sido en persona, mirándonos a los ojos, y aquello estaba resultando muy excitante. Las palabras usadas cada vez eran más explícitas, la conversación iba subiendo de temperatura, y las miradas de ambos comenzaron a decir algo más. Yo no podía dejar de mirar sus labios que me estaban hipnotizando. Fue entonces cuando A. se acercó, me cogió suavemente con su mano por la nuca y me susurró al oído que había acudido a la cita sin bragas. Aquello me sobresaltó y noté un pequeño movimiento dentro de mi pantalón. Ella sonrió, deslizó su mano por mi cuello, y me rodeó por el otro lado, y acercándose al otro oído volvió a susurrar: ¿Quieres comprobarlo?
Sin más, se levantó y se dirigió al cuarto de baño de señoras. Yo esperé unos segundos y me fui en la misma dirección. Entré decidido sabiendo que podría encontrarme con alguien y que entonces tendría que hacerme el tonto como que me había equivocado. Pero no fue así. No había nadie. Había tres puertas, todas abiertas. Me asomé a la primera y allí estaba ella. Me hizo gestos con el dedo para que entrara y me dijo que cerrara la puerta. Así lo hice. Miré su boca. Quería besar sus labios desde el momento en que la vi entrar en el bar, así que me aproximé y acerqué mi boca hacia la suya con intención de besarla, pero antes de hacerlo, me dijo que debía ganármelo. Ella cogió una de mis manos y la dirigió hacia su sexo. Con la otra mano se levantó la falda y colocó mi mano en el interior. Estaba muy mojada y aquello me excitó. Me agaché lentamente y ella levantó una pierna para facilitarme el trabajo. Cuando mis ojos estuvieron a la misma altura que su coño, observé que estaba completamente depilado. Agarré sus muslos con fuerza y separé con las yemas de mis dedos los labios de su coño para descubrir el clítoris. Jugué con mi lengua haciendo círculos para estimularle la zona y ella comenzó a gemir todo lo alto que la situación y el lugar permitían. De pronto, su espalda golpeó en la pared y su cadera se levantó bruscamente. Noté como sus jugos chorreaban por mi barbilla. Cuando se relajó, miró hacia abajo y me dijo: “quiero que me folles”. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me incorporé, me bajé los pantalones y saqué mi polla. Ella se dio la vuelta, se inclinó y se levantó la falda sobre su espalda. Introduje mi polla en su coño por detrás sin apenas esfuerzo. Estaba muy mojada, muy excitada, muy caliente.... Una vez dentro, A. comenzó a moverse muy rápido pero con movimientos muy cortos. (apenas había espacio para movernos). En ese momento me vino a la mente que pudiera entrar alguien y aquello me excitó más. Cada vez A. se movía más rápido y sus gemidos eran más elevados. Seguro que alguien nos estaba escuchando fuera pero nos daba igual. De pronto, un grito salió de su garganta precedido de una convulsión como la anterior. De nuevo, volvió a relajarse, giró el cuello y me miró por encima del hombro. Se dio media vuelta y se puso en cuclillas. Entonces agarró mi polla y comenzó a masturbarme rápidamente mientras me miraba con ojos de deseo. El orgasmo me vino casi sin avisar. El primer chorro salió disparado contra la puerta y el resto de mi semen deslizó por la mano de A. que me seguía mirando mientras yo me corría. Se levantó, me miró y me besó. “te lo has ganado” – dijo.
Nos colocamos la ropa y abrimos la puerta. No había nadie fuera. Salimos del baño de señoras como si nada hubiera pasado y seguimos tomando la cocacola tranquilamente. Nadie se había dado cuenta de nada, aunque el chico de la mesa que estaba junto a la salida del baño nos miraba con cara de saber lo que había pasado.... ¿nos habría oído?
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Los mejores polvos son los prohibidos, esos en los que en cualquier momento te pueden encontrar en una situaciòn embarazosa, en unos gemidos apenas controlados, pero en esos momentos no piensas en la locura que estàs haciendo, sòlo elo deseo domina tu mente y tu cuerpo.
Bonito relato, dan ganas de vivirlo tal cual.
Ahora viene la pregunta del millòn.....imaginaciòn o realidad? ;D
Besitos con sabor a locura.Comentario de TERREMOTO hace 2 años y 27 meses
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Ummm como seduces y excitas... porque no lo haces más a menudo?
Besos mojados.
Comentario de galilea hace 2 años y 27 meses
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Estoy de acuerdo con Galilea, a ver si no te haces tanto de rogar...
Muy excitante leerlo y aún más practicarlo.
Besos.Comentario de Anais hace 2 años y 27 meses
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wow muy buen relato y demasiado excitante
Comentario de Marilu hace 2 años y 27 meses
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Que será que siempre lo bueno hay que ganárselo... ;-)
Besos de coloresComentario de cactus hace 2 años y 27 meses
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Sin condón? no sé no sé... De todas maneras, lo bueno si breve dos veces bueno... así que ese polvo en el aseo tuvo que ser muy bueno...
besitosComentario de María Lasciva hace 2 años y 27 meses
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Ay Madonna! qué calor hace aquí!..... riquisimo...
Besos.Comentario de Kat hace 2 años y 26 meses
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has logrado calentarme desubicado!
Comentario de mojada hace 2 años y 26 meses
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No se pueden leer segun que cosas en el trabajo...
Un beso.Comentario de Escondida hace 1 año y 22 meses